Mariano Fiallos Gil: 53 años de inmortalidad

26 octubre de 2017

Por Miguel de Castilla.

El pasado 7 de octubre cumplió 53 años de muerto Mariano Fiallos Gil, para mí, el Santo Laico de la universidad y los universitarios nicaragüenses.

A Mariano Fiallos Gil, lo conocí a través de su hijo Mariano Fiallos Oyanguren, cuando este, como rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en 1975, a mi retorno de Panamá, me encargó la tarea de escribir el libro “Universidad y Sociedad en Nicaragua”, obra en la que me propuse investigar la historia de la universidad nicaragüense, desde su fundación en 1812 hasta inicios de los años 70 del siglo XX. Fue así, en ese recuento de días e historias, en que necesariamente me encontré con Mariano Fiallos Gil y su lucha por fundar la universidad nicaragüense, tal a como la conocemos hoy.

Hasta antes de Mariano Fiallos Gil, la Universidad en Nicaragua había cumplido dos etapas perfectamente identificables según sus hechos y significados. La primera etapa inicia el 10 de enero de 1812, con la fundación de la Universidad de León. “Una institución que, como dijera José Coronel Urtecho, era conservadora, tradicionalista, enteramente arraigada a la mentalidad colonial y florecida a la sombra de la iglesia’’.

Con las luchas por la  independencia, la universidad colonial, escolástica y pontificia perdió su base de sustentación y  una nueva universidad debía sucederle. Esa nueva calidad fue la llamada Universidad Napoleónica, la que vino a América como cualquier artefacto cultural, para satisfacer las necesidades de modernización de las clases dominantes, dependientes, económica y culturalmente de la metrópoli europea.

En Nicaragua, el 3 de abril de 1879, el gobierno del general Joaquín Zavala emitió un decreto en el que ponía fin a  la universidad colonial basada en cátedras. El decreto del presidente Zavala de  1879 inaugura así en Nicaragua el modelo académico de Universidad Napoleónica cuyas características, todavía presentes en la universidad nicaragüense, fueron el profesionalismo y la descentralización de la enseñanza. 

Entre 1879 y 1957, año que la Universidad Nacional de Nicaragua alcanza su autonomía, suceden muchas y variadas circunstancias para las universidades en el contexto latinoamericano y nicaragüense. 

En los años cincuenta, previos a 1957, la Universidad Nacional de Nicaragua era como un instituto de secundaria más en manos del Ministerio de Educación. Construir la universidad para ponerla al servicio de las ciencias, las humanidades, la libertad y la nación nicaragüense, necesitaba alcanzar su independencia y autonomía. En este contexto es cuando aparece Mariano Fiallos Gil en Nicaragua, como una personalidad descollante en el contexto entre rural y  provinciano de la universidad nicaragüense de aquellos días. Lo que piensa y propone el rector Fiallos Gil es otra idea de universidad, y para él, necesariamente la materialización de esa idea tenía como requisito previo la autonomía de la universidad respecto al gobierno somocista.

Para Mariano Fiallos Gil, la autonomía de la universidad no era un fin en sí mismo, sino que era el requisito para pensar y hacer otro tipo de universidad, basado en otro tipo de principios y valores. Con otros objetivos y otros fines. Con otra visión del futuro. 

En manos de Mariano Fiallos Gil, la universidad nicaragüense por vez primera en su larga historia de más de un siglo, va a salirse de las aulas de clase a las calles y va a hacer teatro, conferencias y cursos de verano para obreros, va a publicar revistas literarias y comenzará a hablar de investigación, completando por primera vez, hace casi sesenta años, el tríptico orteguiano de investigación, docencia y extensión cultural universitaria. 

Sin embargo, si bien todas estas actividades dan testimonio de un proceso de ruptura y cambio del viejo camino a  lo nuevo, lo verdaderamente importante fue y es, el sentido más profundo de aquellos hechos cargados de una ideología extraña y novedosa en el discurso intelectual de la época, alrededor del concepto de hombre y de humanidad, en virtud del cual Mariano Fiallos Gil pide un nuevo humanismo para el destino de nuestro país y para la salvación del género humano. Un nuevo humanismo cuando la tecnología, los celulares y los negocios amenazan con engullirse toda esperanza. Un humanismo comprometido y militante. Un humanismo beligerante, inacabado e inconcluso, y todavía pendiente para nuestras universidades y nuestra sociedad. 

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